Carretera y manta (parte 4)

Aquel imprevisto con el 306 me fastidió los planes. Quería aprovechar mi doble empleo temporal para ahorrar lo suficiente y comprarme un coche lo más nuevo posible pagándolo del tirón. Pero no pudo ser así.

Después de muchas consultas con mi pareja, mis familiares, mis amigos, mis compañeros, mi gata, la almohada… decidí dejar de ser tan precavido y pesimista, decidí apelar a la buena fortuna y arriesgarme un poco. Como no podía ser de otra forma tuve que volver a pedir un préstamo al banco para la mayor parte del importe a pagar y el resto lo puse de mi bolsillo con lo que tenía ahorrado. Mi chico tenía contacto con un concesionario de Baena donde sus jefes suelen comprar y mantener sus vehículos. Aquello me recordó la experiencia con el Peugeot pero como dije antes, dejé de lado el pesimismo.
Gracias a ello tengo el coche de hoy en día, un Nissan Micra de diciembre de 2014. Cuando me entregaron las llaves cumplía sólo 4 añitos de antigüedad y 46000 km.

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Nissan Micra. Pequeño pero muy apañao a punto de venirse a la capital.

Ya no tengo 2 empleos, sólo 1 y un cinturón bien ajustado para llegar a fin de mes, pero a día de hoy no me arrepiento. Hasta ahora es el más completo de todos los coches que he tenido, no voy a hacer una lista con las bondades que ofrece pero lo resumiré diciendo lo muy contento que estoy.

Y por fín tengo un japonés, como llevaba tantos años queriendo. Primero porque los vehículos asiáticos, principalmente japoneses y coreanos, tienen muy buena fama -siempre con excepciones-, y segundo porque son los diseños que más me gustan. En nuestro país hemos tenido algunos que me hacían babear pero ya se han quedado muy viejos. Hoy en día parece que no existe otra cosa que no sean SUVs de todos los tamaños.

¿Cuál será el momento que pase a la historia al volante de este Micra?

 

Carretera y manta (parte 4)

Carretera y manta (parte 3)

Afortunadamente tenía un buen trabajo y algo ahorrado por lo que decidí solicitar un pequeño préstamo al banco para cubrir la diferencia cuando me comprara un coche, de segunda mano, claro.

Mi chico y yo estuvimos buscando por internet y por las calles los que tenían buena pinta -y el cartelito de SE VENDE, ¿os pensáis que sé hacer puentes?- hasta que un día hablando con mi cuñado Juan mencionó que su empresa de aquel entonces tenía un convenio con una concesionaria donde le arreglaban la flota de vehículos y además vendían algunos de ocasión. Como aquello me inspiró confianda allí me fui a hablar con los vendedores.

Unos días después les entregué las llaves del Ibiza y ellos a mí las de un Peugeot 306 Graffic. Un buen coche, si no fuera porque me lo vendieron con tara y bastantes problemas posteriores. Un engaño total. En el taller del concesionario donde lo compré lo conocían como El Diablo, toma ya.

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Peugeot 306. Un “león” con melena de pega.

Si hiciera una suma de todo el dinero gastado en arreglos durante los 9 años posiblemente podría haberme comprado uno nuevo, pequeño y barato, pero no soy adivino, era lo que había porque con el paso de tiempo mis contratos de trabajo iban y venían dejando siempre un futuro incierto.

Nueve años dan para mucho y sin duda la guinda al pastel de tantas emociones al volante se la podemos atribuir a mis vacaciones en noviembre de 2018. Preparad palomitas y sentaos en una buena butaca:

Ilusionado me fui a Islantilla a casa de unos amigos -los que antes vivían en Madrid y me regalaron el Seat Ibiza- con lo que me gusta conducir, sólo en mi coche y con la música a tope. Ilusión que se truncó nada más intentar empezar el camino de regreso a casa cuando en la tarde del domingo el limpiaparabrisas del coche no funcionaba, y la que estaba cayendo no era poca precisamente. Después de llamar a la grúa y la pertinente revisión al coche no se pudo hacer nada más que tomar nota para llevarlo a un taller al día siguiente debido a una reparación necesaria. El viaje de regreso tenía que esperar y yo avisar a mi empresa de lo sucedido porque no podría ir a trabajar el lunes.
Al día siguiente, aproximadamente sobre la 1 del mediodía, me avisaron del taller para recoger el coche al estar ya arreglado. Bien, ya puedo retomar la vuelta a casa.

Dicen que segundas partes nunca fueron buenas, pues en este caso fue aún mejor que la anterior: el Peugeot vuelve a fallar, en plena autovía llena de coches. Dentro de lo que cabe tuve suerte de poder llegar hasta una gasolinera para ver qué le pasaba, porque después de parar ya no lo podía arrancar. Otra llamadita a la grúa. Otra revisión. Otro diagnóstico con necesidad de taller. ¡Sorpresa! Mi póliza sólo cubría el transporte en grúa hasta el taller un máximo de 100 km. Imposible llevarlo a Córdoba. Tras buscar un taller cercano para llevarlo allí mi seguro me proporcionó un coche de alquiler para regresar a Córdoba y una vez el Peugeot estuviera arreglado me facilitarían otro también de alquiler para volver a por él a Huelva. Todo lo cubría el seguro, a excepción de los 2 arreglos que me costaron unos 800€ en total.

Depués de esta experiencia empecé la búsqueda para cambiar de coche.

Continuará…

Carretera y manta (parte 3)

Carretera y manta (parte 2)

Unos años más tarde y con un nuevo trabajo la “suerte” volvió a sonreirme. Entrecomillo suerte porque fue a través de una tragedia.

El padre de unos amigos de mi chico -y ahora míos también- que vivían en Madrid había fallecido dejando, entre otras cosas, un Seat Ibiza del año 1993 sin dueño. Toda la familia ya tenía vehículo propio o no lo necesitaba, así que para aprovecharlo antes de desguazarlo me lo cedieron a mí. Un pequeño coche de gasolina que tuvimos que traer a Córdoba en un viaje de noche bastante lluvioso, haciendo que el paso por Despeñaperros fuese de lo más emocionante.

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Seat Ibiza. Un madrileño en Córdoba

Me encantaba aquel utilitario por sus cuadradas y reducidas dimensiones que lo hacían fácil de aparcar en casi cualquier sitio, a excepción de la dirección resistida, estupenda para ejercitar brazos. Pero resultó otra verdadera lástima cuando 2 años después sufriría al mismo tiempo varias averías que suponían un desembolso considerable, planteando el hecho de que merecía más la pena cambiar de coche.

Este pequeñín también nos acompañó en momentos anecdóticos como un viaje a Málaga utilizando el GPS incorporado en una cámara de fotos. Mi amiga Naza y yo desconocemos aún si aquel indicador de mapas no era muy preciso o si la presencia de obras en la autovía cortando algunas salidas y entradas a la altura de Málaga provocaban que diéramos vueltas en círculo pasando por el mismo sitio varias veces.
A pesar de ello esa vez sí conseguimos llegar a nuestro destino.

Continuará…

Carretera y manta (parte 2)

Carretera y manta (parte 1)

Me gustan los coches.

Desde muy pequeño siempre los he tenido en miniatura y me imaginaba que los conducía. Todavía conservo algunos. Incluso llegué a tener una mochila pequeña que simulaba la parte posterior de un todoterreno, con la rueda incluida; también tuve simuladores de conducción pero la curiosidad podía conmigo y con destornillador en mano acababa por abrirlos para ver cómo funcionaban aquellas pantallitas y lucecitas. Ya en la adolescencia sentía aún más las ganas de conducir y poder viajar por mí mismo. Por tanto, me propuse que algún día lo conseguiría.

Y lo conseguí.

Gracias a mi primer trabajo remunerado a la edad de 21 años y junto a Mª de los Ángeles, una de mis hermanas mayores, aprobé el examen teórico y el práctico a la primera. Genial, el primer paso ya lo había superado.
El siguiente llegó unos meses después gracias a Pedro, uno de mis hermanos mayores, cuando se compró un Peugeot 806 regalándome el que ya no le servía, un Renault 11. Mi primer coche y la alegría no podía ser mayor.

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Renault 11. Esperando a una amiga para irnos de sábado.

Lástima tremenda que me dio porque no pude mantenerlo ni dos años a causa de la falta de trabajo y dinero que sufrí por entonces, pero siendo tiempo suficiente para disfrutar de momentos tan inolvidables como el intento de viajar a Marmolejo y no pudiendo atravesar Montoro 4 veces -aquellas calles tan empinadas y estrechas casi se convierten en nuestra tumba-.

Casi lloro al salir del desguace y decirle adiós.

Continuará…

Carretera y manta (parte 1)

Dime dónde andas y te diré lo imbécil que eres

Mientras estoy liado con las tareas del hogar me encanta escuchar música, ya que me anima muchísimo y de esa manera me resulta menos tedioso hacer dicho trabajo (tan desagradecido y poco valorado).
Uno de los temas de mi repertorio es American de RuPaul, cada vez que lo escucho no puedo evitar reflexionar sobre el conocidísimo orgullo patriota americano.

Cuando alguien dice “Soy americano/a”, lo primero que nos viene a la mente es

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Comprensible, teniendo en cuenta lo mucho que nos lo han grabado a fuego en nuestras mentes. Pero mi gran amiga la Real Academia Española me dice cuando le pregunto que

americano, na

1. adj. Natural de América. U. t. c. s.

2. adj. Perteneciente o relativo a América o a los americanos.

3. adj. indiano (‖ que vuelve rico de América). U. t. c. s.

4. adj. estadounidense. Apl. a pers., u. t. c. s.
[…]

De acuerdo, como dije antes, han insistido tanto a lo largo de mucho tiempo que la misma RAE así lo refleja en la descripción número 4. Pero mucho antes que la 4 está la 1, sin duda: Natural de América.

Entendido. Ahora repasemos nuestras clases de Geografía en el colegio para recordar el continente americano:

Vaya, resulta que Estados Unidos no es el único americano, hay muchísimos más. Por tanto podemos deducir que un/a canadiense puede decir “Soy americano/a”, un/a mejicano/a puede decir “Soy americano/a”, un/a argentino/a puede decir “Soy americano/a”, un/a brasileño/a puede decir “Soy americano/a”, así como el resto de habitantes de otros países NO estadounidenses y ninguno tendría que ver con

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Con todo esto no puedo evitar acordarme de un personaje muy en boga estos tiempos, nuestro querido Donald Trump, que además es el mejor ejemplo para mostrar la gran farsa que se esconde detrás de los golpes de pecho que se dan con su orgullo americano a la vez que desprecian al resto de americanos/as.

Llamadme criticón si queréis, pero me gusta llamar a las cosas por su nombre, y el que es imbécil, es imbécil.

 

Dime dónde andas y te diré lo imbécil que eres

Llevo tiempo sin escribir aquí, y no será porque no haya hecho cosas suficientes sin tener relación con el diseño -o la ilustración, que también- sino que no me parecen lo suficientemente interesantes como para dejar constancia de ellas.
A menos que quedar con los amigos este fin de semana para hacer torrijas entre todos.

La vida sigue, no se detiene por nadie. Así que continuemos pues.

Una de cal y otra de pena

A falta de una semana para saber si sigo en racha me doy cuenta de cuánto te pone la vida a prueba.

Nunca en ninguno de los empleos o trabajos que he desempeñado he llegado a plantearme abandonarlo nada más empezar. Durante la semana de formación nos dijeron en una reunión que la primera semana del mes de prueba iba a ser MUY difícil, que tuviéramos paciencia y no tirásemos la toalla tan pronto. Razón no les ha faltado en nada, lo puedo asegurar. Pero eso fue el primer día, el peor y más horrible en toda mi trayectoria laboral. Y quién me iba a decir 3 semanas después que quiero quedarme en ese puesto de trabajo como teleoperador, o asesor, que suena más bonito.
Bien es cierto que media jornada apenas da para sobrevivir si no tienes otro empleo que lo complemente, pero el simple hecho de no tener que trabajar los fines de semana (después de tantos años) lo hacen suficientemente aceptable.

Pero como mi vida es una montaña rusa de emociones, tiene rachas tranquilas y otras intensas el resto del día lo dedico en un cóctel-bar a pintar un mural, al que le queda muy poco para estar terminado. Gracias a ello se escuchan voces sobre otros proyectos similares.

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Si esto fuera poco algunos de estos días me están reclamando para echar una mano en la floristería. Mano remunerada, por supuesto.

Aún así, en febrero del año que viene me reincorporo a mi trabajo como cajero (por segunda vez), tal y como me han confirmado.

Parece que la suerte me sonríe.

Una de cal y otra de pena